Boletín Nº 37, Viernes 7 de Marzo de 2008 - Año 3
DAVOS: LAS VERTIENTES DEL RIESGO EN LA ECONOMÍA GLOBAL
El año 2008 ha comenzado con un mayor grado de incertidumbre económica y política que el lustro previo. La expansión que viene experimentando la economía mundial en los últimos años no ha estado desligada de la conformación de nuevos escenarios de riesgo que, de materializarse, afectarían a distintos actores.
A explorar este tema se dedica el Informe sobre Riesgos Globales de 2008, presentado como parte de las actividades preparatorias del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) llevado a cabo recientemente en Davos, Suiza.
Durante el último año emergieron diversos riesgos y se profundizaron otros preexistentes. Así, pues, en 2008 la incertidumbre del contexto internacional es la mayor en mucho tiempo y los principales interrogantes que surgen se sitúan en torno a las capacidades de identificación, evaluación y manejo de los riesgos. Cuatro grandes temas configuran el escenario actual: el riesgo financiero sistémico, la internacionalización de las cadenas productivas, la seguridad alimentaria y la energía.
Estos puntos se encuentran estrechamente vinculados al crecimiento acelerado de los últimos años. Por un lado, la expansión se ha traducido en un amplio desarrollo de los mercados financieros y ha reforzado el proceso de internacionalización de las cadenas productivas. Por otro lado, el dinamismo de las economías en desarrollo y su creciente rol de demandantes de productos básicos ha fortalecido el rol de la energía como activo estratégico y ha devuelto el protagonismo a los alimentos en este mismo sentido.
El riesgo financiero sistémico aparece como el más inminente y potencialmente severo, luego que en 2007 se materializaran los temores de una crisis del mercado inmobiliario en Estados Unidos, problemas de liquidez y una suba sostenida de los precios del petróleo. Durante los últimos años el mercado financiero internacional ha adquirido un grado de complejidad sin precedentes como consecuencia de la desregulación, el desarrollo de nuevos instrumentos y el apogeo de las instituciones financieras no bancarias, generalmente menos controladas. Paradójicamente, aunque esta tendencia ha incrementado el alcance y la profundidad del sistema financiero en períodos de auge, simultáneamente ha aumentado su vulnerabilidad e inestabilidad en tiempos de crisis, potenciando el impacto negativo de los problemas que pueda sufrir sobre la economía real.
Frente a este escenario, resulta evidente la necesidad de perfeccionar el marco conceptual de análisis, regulación y manejo del riesgo financiero. Ante la mayor interdependencia que se ha desarrollado en el curso de los últimos años, el informe sugiere incrementar los controles y poner el foco en los mercados y no en las instituciones financieras a nivel individual.
Por otro lado, durante las últimas décadas, la liberalización comercial, la reducción de los costos de transporte y la tercerización han dado lugar a la internacionalización de las cadenas productivas. Si bien este fenómeno ha permitido aumentar la eficiencia en la producción, paralelamente ha incrementado el nivel de interdependencia a tal punto que inconvenientes puntuales en una etapa de alguna cadena pueden llegar a tener importantes consecuencias negativas a nivel global.
No obstante, existe poca conciencia de estos problemas dado que con frecuencia se desconoce el grado de exposición debido a la existencia de complejas redes de subcontratación y a la multiplicidad de fenómenos que pueden alterar el normal funcionamiento de las cadenas productivas (shocks macroeconómicos, geopolíticos, catástrofes naturales, epidemias, etc.) Ante este panorama resulta fundamental la preparación adecuada para minimizar las posibilidades de contagio y mitigar las consecuencias del impacto de eventos aislados.
Es claro que el manejo de riesgos excede las cuestiones domésticas. Por un lado, las empresas deben tomar en cuenta los riesgos de operar en un contexto global, donde sus cadenas logísticas pueden verse sometidas a disrupciones que afecten sus procesos productivos. Así, pues, se requieren planes de contingencia que permitan identificar los puntos de mayor vulnerabilidad y concentración de los riesgos. Por otro lado, la interrelación entre los factores macro y microeconómicos vuelve esencial la profundización de la cooperación público-privada a nivel internacional.
La seguridad alimentaria, un tema que históricamente había preocupado de manera casi exclusiva a los países pobres o sumidos en conflictos armados, se ha convertido en un factor de riesgo a escala global. Los elevados precios de los alimentos no solamente plantean un desafío en términos de control de la inflación, sino también en materia de equidad (pues afectan particularmente a los más pobres, quienes destinan una mayor proporción de su ingreso a la compra de productos básicos) y estabilidad política. Asimismo, el desarrollo de los biocombustibles genera un trade off entre la minimización de riesgos en materia alimentaria y energética.
Es por ello que los alimentos han vuelto a ser considerados como activos estratégicos y se han comenzado a instrumentar cambios en las políticas alimentarias. El mejor modo de evitar los problemas derivados de comportamientos defensivos es el fomento de la cooperación internacional en este ámbito.
La cuestión energética siempre se encuentra en el centro del debate debido a su estrecha relación con los riesgos económicos, geopolíticos y ambientales. La complejidad del escenario actual queda en evidencia ante la vulnerabilidad de la economía mundial frente a posibles problemas con la oferta de combustibles fósiles. En efecto, los precios de los hidrocarburos se mantienen elevados, faltan inversiones en el rubro y existen fuertes conflictos geopolíticos vinculados a este tema. Además, se observan dificultades para alcanzar de manera simultánea los objetivos de aprovisionamiento de energía y reducción de las emisiones de gases tóxicos. Las fuentes alternativas de energía presentan sus propios riesgos, como es el caso de la relación competitiva ya mencionado entre el desarrollo de biocombustibles y la seguridad alimentaria.
La dimensión que ha adquirido este problema permite afirmar que se encuentra en riesgo la provisión segura, certera y sostenible de energía a escala global. La principal dificultad proviene de la falta de incentivos para adoptar actitudes cooperativas ante la distribución asimétrica entre riesgos y beneficios -tanto a nivel internacional como entre distintos sectores sociales y económicos de un mismo país- y la incertidumbre ligada a cuestiones geoestratégicas y de decisiones de política. De todas maneras, la cooperación internacional aparece como la única vía capaz de asegurar el aprovisionamiento de este insumo clave para la economía mundial.
En lo que concierne a la evaluación de riesgos, el Informe analiza diversos aspectos del panorama actual e identifica las amenazas más relevantes en cada uno de ellos. En materia económica, se destacan la posibilidad de una recesión global estimulada por la crisis en Estados Unidos, la desaceleración de China y las medidas de ajuste fiscal que deberán implementar algunos países; la aceleración de la inflación global -impulsada por los precios de la energía y los alimentos-; el impacto negativo sobre el sistema financiero mundial de una depreciación sostenida del dólar y los ya mencionados inconvenientes en materia de provisión energética.
Con respecto al escenario geopolítico, se teme un recrudecimiento de los conflictos bélicos y de los ataques terroristas, una escalada armamentista, el crecimiento del crimen organizado y el agravamiento del proteccionismo y las tensiones políticas.
Otras amenazas relevantes son la mayor severidad y frecuencia de las catástrofes naturales como consecuencia del cambio climático, la difusión de enfermedades infecciosas en países desarrollados y enfermedades crónicas en los países en desarrollo y el aumento de ataques informáticos.
Los principales riesgos son de naturaleza global y se encuentran estrechamente interrelacionados a través de múltiples vías. Si bien en la actualidad existe mayor conciencia y comprensión sobre los desafíos que plantean cada uno de ellos, un aspecto clave es la necesidad del liderazgo para proponer soluciones y gestar consensos. Difícilmente se puedan reducir los riesgos globales de manera sostenible y equitativa, sin la presencia de una efectiva cooperación internacional destinada a proteger las dificultades que amenazan las condiciones de vida del planeta.
Extractado de: www.iadb.org